Artículo de Opinión
15/10/2009El bebedor social.
Acogiéndome a los numerosos informes publicados por profesionales de la medicina, sobre los daños que se generan por el consumo abusivo del alcohol, deduzco que los únicos seres exentos de dichos daños, son los conocidos como abstemios. Lógicamente, mientras no decidan romper su conducta ante las bebidas alcohólicas.
Estos daños a los que hacen referencia en sus informes y publicaciones los profesionales, son numerosos, y en cierto número de casos irreversibles, afectando a órganos tan vitales como: Cerebro, Hígado, páncreas, estomago, etc. Estos y muchos más son los riesgos que conlleva un consumo reiterado y abusivo del alcohol; sin olvidar la gran posibilidad de contraer, el llamado Síndrome de Dependencia Alcohólica.
Si bien es cierto que un consumo moderado de alcohol reduce dichos daños, no lo es menos, la puerta abierta a la posibilidad de poder contraer alguno de ellos, aún a pesar de esa moderación.
Al hablar de moderación,
Nos dice
Hablar de drogas, es un tema muy delicado y escabroso. Tanto es así, que son infinidades las personas que habiendo probado cierta sustancia, hoy no lo pueden contar. En este sentido, la curiosidad es altamente peligrosa y sumada a la falta de información, dicha peligrosidad se multiplica.
Cuando un individuo tiene su primer contacto con cualquier sustancia psicoactiva, desconoce a donde le conducirá esta primera toma. Posiblemente piense y tome todas las precauciones habidas y por haber. Una vez Iniciada la historia de su consumo, puede ocurrir que el individuo tenga todas las papeletas para contraer una adicción y con ella caer en un pozo sin fondo, gracias a esa primera toma, o porque no, al consumo moderado.
Queda totalmente fuera de mis preocupaciones, valorar aquí el potencial comparativamente hablando en cuanto a dureza con otras sustancias. Tan solo, que razonemos la gravedad de los daños derivados por su abusivo consumo, al cual se llega partiendo de una primera toma y a través de un consumo moderado. Son los daños adyacentes o colaterales que de forma indiscriminada salpican a infinidad de familias, puestos de trabajo, relaciones sociales, etc. Innumerables victimas que de manera directa o indirecta, están relacionadas con el consumo de dicha sustancia.
Por todo ello, considero de vital importancia al hablar de prevención, que olvidemos los paños calientes o medias tintas. Valoremos a día de hoy los pros y los contras de su consumo y eduquemos a la sociedad, utilizando para ello la información, sobre el peligro que conlleva el uso continuado de ciertas sustancias como es el alcohol. Una sustancia, a la que el hecho de ser legal, no le inhibe de los riesgos que como cualquier otra droga pueden desprenderse de su consumo. Daños que sinceramente creo supera con creces los “insignificantes e irrisorios beneficios” de su uso moderado. Dejemos que sean los interesados en vender dichas sustancias, los que se preocupen de encubrir con falsas realidades los riesgos del alcohol.
Por otra parte, no pretendo imaginarme a un gobierno luchando e imponiendo medidas contra las grandes productoras de dicha sustancia. Tampoco implantando la ley seca. Pero creo que deberían de comenzar por subir el listón en la edad de consumo, multiplicar el esfuerzo por la prevención, mediante la información veraz, y como no, endurecer las penas de aquellos que se dediquen a la venta de alcohol, sin importarles las horas de venta o la edad del comprador.
Se imaginan un mundo sin que tengamos que implicar al alcohol en temas tan graves como: la violencia de género, accidentes de tráfico, el absentismo laboral, escolar, delincuencia y un largo número de etc. Se imaginan un mundo sin drogas. Sin humo ya es posible; demos el siguiente paso y hagámoslo por el bien de la humanidad, como medida de prevención para las futuras generaciones.
Andrés Rubido García
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