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28/02/2010Enfermos, angustiados, y en la calle
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Estrés, ansiedad angustia, miedo... Vivir en la calle enferma. El estereotipo que dice que la mayoría de los «sin techo» tiene alguna patología mental es cierto (un 49,1 por ciento la padece), pero también lo es que muchos de ellos no acaban en la calle por esta razón, sino que enferman como consecuencia de no tener hogar, y todo lo que ello conlleva. A la calle se llega por un tropiezo, una mala racha; la enfermedad, el alcoholismo o la toxicomanía llegan después.
Es una de las conclusiones que se extraen de un estudio encargado por la Fundación Jaume Bofill y la Fundación Sant Joan de Déu para conocer el perfil personal, estado de salud y grado de atención sanitaria de las personas sin techo que viven en Barcelona. Las conclusiones, como era de prever, son desalentadoras. El colectivo está peor de salud de lo que se piensa, o de lo que ellos mismos manifiestan, y reciben una atención por debajo de lo que necesitan.
Se estima que en Barcelona no tienen hogar unas 1.800 personas, lo que al cabo de un año representa una población flotante de unos 3.000 individuos, de los cuales más de la mitad (50,7 por ciento) son extranjeros, y sólo el 12,3 son mujeres. El 32,9 por ciento vive en la calle, el 26,7 pernocta en albergues, el 26 en residencias, el 8,3 en barracas y el 5,6 en pisos de amigos o pisos de inclusión.
La mitad de los indigentes sufre transtornos mentales, mientras que el 45 por ciento bien son alcohólicos (26,8%), bien son toxicómanos (18,2%). El estudio es claro a la hora de establecer una relación entre el hecho de no tener casa y la calidad y número de las horas de sueño con la patología, con la enfermedad, especialmente el estrés, la angustia o el miedo. Para uno de los autores de estudio, el antropólogo Joan Uribe, «la mayoría» de los transtornos que sufren estas personas son consecuencia «de vivir en la calle, dormir mal y pasar miedo», según recoge Efe. En su opinión, un alto porcentaje de las enfermedades mentales que padecen los indigentes se desarrollan durante el tiempo que están viviendo en la calle. La conclusión es desalentadora: la calle enferma. Concretamente, tres de cada cuatro indigentes corren riesgo de sufrir una enfermedad mental y el porcentaje es un poco mayor entre las mujeres que entre los hombres.
Sólo emergencias
«No hay que caer en tópicos y pensar que todos los indigentes son locos o drogadictos», subrayó el director de la Fundación Jaume Bofill, Jordi Sánchez, que aclaró que «las personas acaban en la calle por rupturas en su cadena de vida, por causas laborales o familiares, o por tropezones puntuales, y los transtornos mentales y las toxicomanías, en general, aparecen después».
El estudio, con todo, detecta entre los indigentes un porcentaje de enfermedades mentales muy superior al de la población en general, por lo que Uribe alertó de que «existen necesidades que los servicios sanitarios no están cubriendo». «Este vacío» provoca «casos puntuales muy graves», y el trabajo de campo ha detectado «personas que han manifestado necesitar tratamiento para tratar el sida o la diabetes y que afirman que no toman medicación», según Uribe. En general, las personas sin hogar suelen acceder a la atención médica en situación crítica o de emergencia, y no en fase de seguimiento o de prevención.
El 77,8 por ciento de indigentes diagnosticadas con enfermedad crónica cardiovascular no se medica; el 50,5 por ciento de los que padece problemas muscoesqueléticos (problema muy común, dos de cada tres, por el hecho de dormir al raso) tampoco recibe tratamiento. En el caso de enfermedades más graves, como el sida o la diabetes, no son tratados en 45 y el 37 por ciento de los afectados, respectivamente.
Por debajo de su peso
El estudio señala que el 61 por ciento del total lleva menos de tres años en la calle y el 27,6 por ciento menos de tres meses, por lo que su situación no se ha «cronificado» y «todavía se puede hacer algo», según los autores del estudio, que revela que la mitad de los sin techo no llega al peso normal para su estatura y su edad y la mayoría no coman dos ni tres veces al día, sino sólo una o ninguna.
Para los autores del trabajo, toda esta información demuestra que «el sistema sanitario debe abrir un espacio para las personas sin techo» porque, «tal como funciona ahora, los deja fuera». Uribe pidió «una mayor coordinación entre los servicios sociales y los sanitarios», y que los facultativos de cualquier distrito puedan acceder al historial médico «unificado» del indigente, tal como ocurre con las personas con domicilio fijo.
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