Por el bienestar de todos
Me gustaría..., que fuesen muchas las personas que leyesen esta opinión personal, convertida hasta lo más insospechado en un sentimiento humano. Un sentimiento, que engendrado del sufrimiento, como consecuencia de un total desconocimiento e impregnado hasta la saciedad de impotencia; ha convivido y convive después de más de veinte años en mi mente, en la mente de un familiar alcohólico.
No necesito hablaros del gran problema de alcohol que nos invade y que ya todos conocemos, tampoco quiero ni deseo hacer comentario alguno sobre el por qué del problema, y mucho menos de quienes son los culpables o responsables del mismo.
Lo que verdaderamente me preocupa, como victima y en cierta medida conocedor del problema del alcoholismo, es la falta de interés que muestra nuestra sociedad sobre dicha enfermedad. De aquí se desprende la total falta de conocimiento, de indiferencia ante la información que les pueda llegar y la imagen que puedan tener sobre una persona alcohólica; consecuencias por las que cuando en un hogar aparece un enfermo con Síndrome de Dependencia Alcohólica, el resto de la familia se tropieza con el mayor de los obstáculos: “No se que hacer”.
Resulta increíble imaginar la cantidad de familias que a día de hoy conviven con un enfermo alcohólico. Familias desesperadas, destrozadas, etc. Y en el peor de los casos a punto de romperse, porque al parecer, ya se han cansado de soportar por más tiempo al enfermo alcohólico.
Debo deciros que durante los años que llevo aportando mi ayuda de forma voluntaria en la asociación ARCA de Cádiz, he tenido ocasión de atender a muchas personas con problemas de alcohol, y como no, a familiares. Familiares que nos llegaban, después de años soportando las consecuencias derivadas de un enfermo alcohólico, que lógicamente dan al traste con familiares psicológicamente afectados. De todo esto, quiero dejar constancia de lo bueno y de lo malo, en cuanto al comportamiento de algún que otro familiar de enfermo alcohólico, que en su desesperada e interminable lucha por solucionar un complejo y delicado problema, le pueda llevar a agravar la situación, hasta el punto de encontrarse en un callejón sin salida.
Ni que decir tiene, que la falta de conocimiento sobre el alcoholismo como enfermedad, es la razón que les lleva a cometer errores, a veces irreparables. La preocupación e impotencia que les invade al no encontrar la solución para que el enfermo deje de beber, después de haber aplicado un sinfín de artimañas por su propia cuenta y riesgo, es lo que nos empuja a incrementar y agravar los problemas. Entre esa cadena de errores, se encuentra nuestra desenfrenada preocupación por tapar el problema, para que el resto de la familia no se entere, y mucho menos el vecindario, por aquello del que dirán. Y aquí, podríamos decir que es, donde comienza la verdadera historia, en una gran mayoría de casos, plagada de equivocaciones y malentendidos, recogidos del baúl de la desesperación.
Al final, solo al final, recurren a centros como ARCA, donde se hace patente la desconfianza y la desesperación que les invade. Sin embargo, es a partir de entonces, donde la familia preocupada y desesperada, vuelve a equivocarse; al pensar que la responsabilidad y recuperación del enfermo, ya solo depende de él y del centro al que hallan acudido.
La familia de un enfermo con Síndrome de Dependencia Alcohólica, es decir, aquellos familiares más allegados y que lógicamente conviven con el enfermo, como por ejemplo: Los padres, la pareja, hijos, hermanos, etc. son familiares que con el transcurso del tiempo, terminan afectados psicológicamente, en resumen, enfermos; es por ello, que necesitan de los cuidados de médicos y psicólogos especializados en este tipo de dolencias, que al mismo tiempo les asesoren de cuales son los pasos a seguir para la recuperación tanto del enfermo alcohólico, como de ellos mismos.
La familia, es un puntal importante en la recuperación del enfermo, para ello, ha de ser conocedora de cómo tratar y apoyar la recuperación de ambos, es decir: se trata, como bien define nuestra Asociación, de una auto-ayuda, que parte de unos conocimientos básicos y fundados en el ¿por qué? Del Síndrome de Dependencia Alcohólica como enfermedad.
Cuando hablamos de la implicación familiar, no lo hacemos pensando solo en el enfermo alcohólico como único afectado. Del mismo modo, que cuando hablamos de la necesidad de acudir a grupos de terapias, no solo nos estamos refiriendo a enfermos directos (alcohólicos), sino también, a los enfermos pasivos (familiares).
Dependiendo del grado de implicación de la familia, dependerá muy mucho la recuperación del enfermo alcohólico y como no de la propia familia.
Para terminar, decir que la implicación de la familia, pasa por conocer los mecanismos adecuados, para que dicha implicación, sea positiva y haga mella en la recuperación del enfermo, que de ser así, seguro que repercutirá en la de los familiares.
Andrés Rubido García
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